Su historia: Doctor Tangalanga

Doctor Tangalanga

Julio convirtió una idea para hacer reír a un amigo enfermo en una manera única de hacer humor. Raúl Tarufetti, Licenciado Varela, Quintana, fueron algunos de los tantos nombres con los que el Doctor Tangalanga se presentaba ante sus interlocutores del otro lado del teléfono. Inventaba identidades, domicilios y situaciones absurdas, adaptando las conversaciones con una rapidez y genialidad llamativas. Su método consistía en hablar con tranquilidad y tono serio para que el otro se enganchara y, poco a poco, hacerlo engranar.

Etapas del Doctor

Infancia y juventud

Julio Victorio De Rissio nació en el barrio de San Cristóbal, ciudad de Buenos Aires, el 10 de noviembre de 1916 en una familia de inmigrantes italianos. Su padre era zapatero, su madre cuidaba de los hijos y se ocupaba de las tareas del hogar. Eran siete hermanos, Julito era el menor.

Cuando terminó la escuela, estudió taquigrafía y, a los 18 años, comenzó a trabajar en Bunge y Born. Tres años más tarde entró a Colgate Palmolive, donde permaneció 34 años y conoció a muchos de sus amigos, entre ellos a Sixto López Ayala.

Julio con su padre y su hermano
Retrato de Julio en su juventud
Julio en su escritorio de trabajo
Julio acompañado por sus compañeros de trabajo

El inicio de los llamados

Sixto quedó postrado luego de una operación. Julio iba a visitarlo a su casa varias veces por semana. Así comenzaron las bromas telefónicas, para entretenerlo.

La primera surgió de una queja de Sixto por las elevadas cuentas del veterinario que atendía a su perro. Un accesorio conectado al teléfono le permitía registrar las conversaciones. Tras la muerte de su amigo dejó de hacer los llamados durante muchos años.

Retrato de Sixto López Ayala
Sixto López Ayala en una fotografía del archivo
Fotografía del perro incluida en el archivo de esta etapa
El escritorio con teléfono y grabador

La vuelta al teléfono

En 1980 una hepatitis lo obligó a guardar reposo. Sus amigos lo alentaron a retomar las bromas y le acercaron avisos clasificados del diario para encontrar nuevos interlocutores. Las grabaciones empezaron a copiarse en cassettes gracias a los equipos doble casetera de esa época y comenzaron a circular de amigo en amigo. Las personas reconocían la voz pero no sabían quién estaba detrás de los llamados.

Julio sentado frente a un sillón
Julio en su escritorio, rodeado de fotos y discos
Julio hablando por teléfono junto a una lámpara
Julio sonriendo, sentado en un sillón

Discos, libros y llamados en vivo

En los años noventa, los llamados se compilaron en cassettes de edición comercial y en libros que reunían sus transcripciones. Luis Alberto Spinetta, admirador de su humor, incorporó su voz en “Lago de forma mía” del álbum Pelusón of Milk editado en 1991. Tangalanga comenzó a participar en programas de televisión y radio haciendo llamados en vivo. Julio mantenía paralelamente su actividad laboral, ya en la empresa Odol, donde trabajó 23 años, hasta 1995, cuando se jubiló y la empresa pasó paradójicamente a manos de Colgate.

Tapa del volumen 1 de Los llamados telefónicos del Dr. Tangalanga
Tapa del libro Las cosas que hay que oír, de Raúl Tarufetti
El Doctor Tangalanga junto a Luis Alberto Spinetta
El Doctor Tangalanga junto al Bicho Gómez

Nuevos públicos

En los años 2000, Julio dedica la mayor parte de su tiempo a Tangalanga. Se lanzaron más grabaciones y CD. Su popularidad se extendió a Uruguay, Chile, México y Estados Unidos. Hizo shows en vivo en Argentina y otros países, en los que el público le acercaba papelitos con números de personas de las que se quería vengar. Los fans lo esperaban a la salida para saludarlo y conocerlo.

Con la masificación de internet los llamados empezaron a circular por YouTube.

Julio falleció a los 97 años el 26 de diciembre de 2013.

El Doctor Tangalanga en el Hard Rock Cafe de México
El Doctor Tangalanga junto a Luciana
El Doctor Tangalanga con sus seguidores a la salida
Estampita de San Tangalanga ilustrada por Costhanzo